Pontevedra - Santiago - Coruña: Desconectando con la grupeta gravelera


 El gravel significa algo distinto para cada ciclista. Es esa disciplina que fluye entre el asfalto y las pistas, que tiene su verdadero hábitat en los caminos sin explorar y que llena cada ruta de aventuras trepidantes a golpe de pedal.


 Por un lado, están quienes disfrutan fusionando el ciclismo con aventuras de varios días y se lanzan a la experiencia del bikepacking. Para otros, sin embargo, el gravel representa la pura simplicidad: la herramienta perfecta para devorar kilómetros en salidas rápidas, de larga distancia y por pistas tranquilas.



Para nuestra salida de hoy nos quedamos con esa segunda filosofía. Afrontamos una ruta de un único día, pero cargada de emociones fuertes y ritmos trepidantes.



¡Había que exprimir el festivo! Coincidiendo con el Día de las Letras Galegas, organizamos una escapada de gravel con un único objetivo: pasarlo bien y hacer kilómetros. Rodamos sin que nos importaran las medias y sin mirar el reloj; el plan consistía solo en disfrutar del momento, de las pistas, de la gente buena que te cruzas en el camino y, por encima de todo, de compartir la experiencia en compañía.



                       A las 7:00 de la mañana ya estábamos en marcha, rumbo a Pontevedra.






    Tenemos por delante el Camino Portugués, cubriendo el tramo de Pontevedra a Santiago a través de Caldas de Reis y Padrón. Cruzamos el histórico puente del Burgo en Pontevedra y, en cuanto nos lanzamos en busca de Santa María de Alba, las ruedas se olvidan por completo del asfalto y el espeso bosque se nos echa encima.




Desde ese punto, rodamos arropados por un denso bosque de avellanos, robles, castaños, pinos y eucaliptos que sigue de cerca el cauce del río Gándara. Es un entorno mágico donde los saludos tradicionales del Camino, como "buen camino" o "la paz sea contigo", cobran todo su sentido.



En el tramo entre Pontevedra y Caldas de Reis, la ruta se pone cuesta arriba por el asfalto de la N-550. Para huir del tráfico, decidimos hacer un desvío estratégico y adentrarnos en el Parque de la Naturaleza del Río Barosa. La pista se reconoce fácil desde el Camino porque la delata un aparcamiento de autocaravanas. El desvío vale muchísimo la pena: es un oasis de fresnos y chopos repleto de merenderos de piedra, puentes de madera y antiguos molinos de agua que bailan al ritmo de los impresionantes saltos de sus cascadas.







 

  Llegamos a Caldas de Reis, una villa cuya esencia está ligada de forma indisoluble al cauce del río Umia y al poder de sus aguas termales. Su historia nos hace viajar en el tiempo hasta los días en que el emperador Augusto dio por concluida la conquista de Gallaecia, convirtiendo este enclave en un punto estratégico de las calzadas romanas.



Rodar rodeados por los viñedos de albariño que inundan el paisaje y cruzar estos espesos bosques hace que nos quedemos hipnotizados por momentos. ¡Una auténtica delicia para el pedaleo!




 Las ruedas nos adentran en Padrón, donde la historia cuenta que se asentaba el antiguo puerto de Murgadán. Viajando en el tiempo hasta la época romana, descubrimos que tanto el río Sar como el Ulla eran perfectamente navegables, permitiendo que las embarcaciones de comercio arribaran sin problemas hasta este mismo punto.




 El asfalto y la carretera se convierten en la sombra que vigila nuestros pasos en este sprint final hacia Santiago.







Con la fotografía de rigor asegurada y los bidones llenos, giramos las bicicletas rumbo a A Coruña. Seguimos el trazado del Camino Inglés en sentido inverso hacia Sigüero, punto donde enlazamos con la fantástica Vía Verde de Oroso-Cerceda.






 

En definitiva, la conclusión está clara: el fin último de nuestra pasión no es simplemente rodar; dar pedales es solo el medio. El vehículo perfecto para descubrir nuevos lugares, pero, por encima de todo, para reencontrarnos con nosotros mismos. Y si es en buena compañía, el viaje es insuperable.


"La cara es el reflejo del alma, ahí lo dejo..." 
Sobran las palabras para describir cómo terminamos el día tras tantos kilómetros de disfrute y buena compañía.



                                         ¡Nos vemos por ahí y en los caminos! 






















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