Costa Ártabra y Mariña occidental, tierras por descubrir.

¿Existe un rincón que lo tenga todo? Sí: los acantilados más altos de la Europa continental, una riqueza geológica única, tres rías, playas salvajes y ambiente surfero. Un paraíso de dunas, lagunas litorales, pueblos con encanto, faros y miradores excepcionales, coronado por un lugar de peregrinación ancestral. ¡Esto es Galicia en su estado más puro y salvaje!




 ¡Un nuevo reto a la vista! Hace tiempo que Hectorín y yo veníamos planeando una escapada de bikepacking por esta costa salvaje, conocida por ser la más escarpada e inaccesible de la península ibérica. El plan: exprimir los pedales rodeando la ría de Ortigueira, coronar el mítico cabo de Estaca de Bares, cruzar la ría do Barqueiro hacia la Mariña occidental y, tras bordear la ría de Viveiro, conquistar nuestra meta final en la playa de Esteiro.




 Día 1: Playa de Esmelle - Cariño (100 km)

¡Arrancamos! Si os unís a la aventura, os llevaremos de sur a norte en un primer asalto espectacular. Soltamos frenos en la playa de Esmelle (Ferrolterra) para poner rumbo a Cariño, devorando a nuestro paso cabo Prior, el futurista faro de A Frouxeira, Valdoviño y Cedeira. Por delante, 100 kilómetros de puro ciclismo indómito entre las rías de Ferrol y Ortigueira.






                   Arrancamos la mañana del sábado con una densa niebla que nos acompañó durante algunos kilómetros, dándole un toque misterioso al paisaje.







  Nuestro camino hacia Cedeira nos lleva a bordear arenales espectaculares. A golpe de pedal, vamos encadenando el inmenso playón de Valdoviño, la mítica ola de Pantín y las tranquilas aguas de la playa de Vilarrube.







 Muy cerca de esta última cala descubrimos la laguna de Valdoviño. El conjunto que forman este inmenso arenal y su humedal constituye un espacio natural bajo un régimen especial de protección general.











Llegamos a Cedeira.




Cedeira
Esta tranquila joya costera apenas roza los 8000 vecinos. Perderse por su zona histórica es un viaje en el tiempo entre callejuelas estrechas y preciosas casas marineras, muchas de ellas adornadas con blasones y piedras de armas. Su encanto viene de lejos: fue declarada Municipio de Interés Turístico allá por 1953.
Tras este merecido respiro, toca apretar los dientes. Por delante nos espera la parte más exigente y dura de toda la jornada.



Las gráficas no mienten: nos espera un verdadero muro. Afrontamos un ascenso de unos 700 metros de desnivel positivo acumulado concentrados en solo 11 kilómetros.




          Acercándonos a San Andrés de Teixido.



Las sierras de A Faladoira y A Capelada dibujan un relieve tan espectacular como exigente. Pedalear por aquí es adentrarse en un territorio indómito de miradores naturales, cruceiros, bosques, caballos salvajes y leyendas, coronado por el santuario rural más célebre de toda Galicia: San Andrés de Teixido.


La leyenda que envuelve este rincón es sobrecogedora. Se dice que el apóstol San Andrés encalló con su barco en los acantilados de Teixido; tras el naufragio, la nave se petrificó dando forma al peñasco de A Barca de San Andrés. A pesar del desamparo inicial, Dios le prometió un santuario eterno y una romería que desafiaría al fin del mundo: todo mortal tendría que visitarlo, ya fuera en vida o en espíritu. Esa profecía es la que da sentido al refrán gallego más famoso: «vai de morto o que non foi de vivo».


Nuestra siguiente parada obligatoria es la Fuente do Santo, también conocida como la de los Tres Caños. Para que el viaje siga con buena fortuna, hay que cumplir el ritual al dedillo: primero, rezar la plegaria al santo; segundo, dar un trago de agua en cada caño. El broche final consiste en lanzar una miga de pan a la corriente. El resultado es inmediato: si flota, ¡deseo concedido! Pero si se va al fondo... toca asumir que el santo hoy no está por la labor.


Seguimos ganando altura por esta ruta de acantilados en busca de una nueva postal. Llegamos al mirador de Teixidelo, en cuya cima nos recibe el cruceiro do Curutelo; un rincón privilegiado colgado a 337 metros sobre el nivel del mar.


Justo antes de alcanzar el cruceiro, el camino nos depara una sorpresa histórica: una placa en homenaje al célebre actor Leslie Howard. Su avión fue derribado en este tramo de costa el 1 de junio de 1943 por cazas de la Luftwaffe alemana mientras volaba de regreso al Reino Unido en plena Segunda Guerra Mundial.


Detrás de su faceta de estrella de cine, el intérprete británico escondía una doble vida como espía. Viajó a Madrid en mayo de 1943 bajo las órdenes directas de Winston Churchill con una misión crucial: reunirse con Franco y sondear si España se mantendría neutral en la Segunda Guerra Mundial. La oferta británica era contundente: si Franco cerraba la puerta a Alemania, Churchill se comprometía a reconocer oficialmente su régimen tras el final del conflicto.


                Desde nuestra posición contemplamos la playa de Teixidelo. Estamos ante una rareza geológica absoluta: la única playa del planeta de arena negra de origen no volcánico.


   ¡Por fin coronamos la cima! A poca distancia de San Andrés alcanzamos el mirador de Vixía de Herbeira. Las vistas desde aquí son sobrecogedoras: nos asomamos al acantilado más alto de la Europa continental, con nada menos que 615 metros de caída libre al océano y una pendiente que supera el 80%.


 
Para que os hagáis una idea de su magnitud, en toda Europa solo hay dos acantilados marinos más altos, y ambos están en islas: el cabo Enniberg en las islas Feroe y Croaghaun en Irlanda. Es verdad que en Noruega hay paredes con desniveles mayores, pero al dar a fiordos y no al océano, técnicamente no entran en la misma categoría.



  El final del primer asalto está cerca y el paisaje nos recibe con un regalo de magnitudes colosales. Frente a nosotros emergen del Atlántico los farallones del cabo Ortegal, una joya geológica única en el mundo. En la Punta dos Aguillóns presenciamos las eclogitas, raras rocas formadas bajo presiones extremas en el interior terrestre. Junto a ellas destaca el famoso granito negro, datado en unos asombrosos 1160 millones de años. Este hallazgo duplica la antigüedad conocida de la península ibérica y nos sitúa sobre las cuartas rocas más viejas de todo el planeta



  Coronamos cabo Ortegal, un hito geográfico monumental en la Costa Ártabra. No es solo el límite norte de este litoral, sino la frontera exacta que separa la bravura del océano Atlántico de la belleza del mar Cantábrico. Tras este espectáculo de la naturaleza, nos dejamos caer directos hacia la meta. ¡Y llegamos al final de la primera etapa! Toca descansar en Cariño.


 Cariño cuenta hoy con cerca de cuatro mil vecinos. Aunque perteneció a Ortigueira, se independizó en 1988 para trazar su propio camino. Situada estratégicamente en la entrada de la ría, la villa vive de cara al mar, con un casco urbano que mira al este buscando el abrigo de su playa y su puerto pesquero. Al dar la vuelta, sus calles históricas van ganando altura de forma pintoresca hacia el acantilado, resguardándose de los azotes del Cantábrico.



Con los 85 kilómetros ya en las piernas, toca la mejor parte del día: descargar las bicis, una ducha reparadora y un buen homenaje a la mesa como Dios manda.








La ruta 1.






Día 2: Cariño - Playa de Esteiro
De nuevo en marcha. Al levantar la vista, los farallones de Os Aguillóns se alzan como gigantes que despiden el mar salvaje del norte para darnos la bienvenida a la ría de Ortigueira. Pasamos a un paisaje más pausado, tranquilo y convertido en un abrigo natural para marineros y ciclistas. Su inmensidad e historia son tales que los textos antiguos la vinculan con el gran Magnus Portus Artabrorum, el puerto romano que terminó bautizando a toda la Costa Ártabra.


Nos pegamos un desayuno en condiciones, preparamos las monturas con todo el equipaje y ponemos rumbo directo hacia la ría de Ortigueira.






Llegamos a Ortigueira, una localidad famosa a nivel planetario por acoger el Festival Internacional del Mundo Celta. Sus espectaculares escenarios naturales se convierten cada verano en un hervidero de cultura y notas folk. El año 2022 quedó grabado en los anales del certamen al convertirse en la edición más larga de su historia; un maratón musical sin precedentes que hizo vibrar el norte de Galicia del 10 al 17 de julio.



La villa se asienta a orillas de su ría homónima, resguardada por un montículo natural de los fuertes vientos del norte. Al perdernos por sus calles nos topamos con un contraste genial: preciosas casonas señoriales de alma marinera y joyas arquitectónicas de los siglos XVIII y XIX que compartían protagonismo con los indiscutibles "restos" de la fiesta y los conciertos de la noche anterior. ¡Se nota que Ortigueira vive su festival al máximo!




  El paraje natural de la ría de Ortigueira y Ladrido comparte la misma espectacularidad paisajística que el cabo Ortegal: una auténtica delicia visual para disfrutar sobre los pedales.





  Este entorno esconde un humedal protegido de unas espectaculares 3000 hectáreas. El camino nos lleva desde la desembocadura del río Mera cruzando las dos orillas de la ría: la vertiente oeste hacia los acantilados de Cariño y la vertiente este hacia las imponentes paredes de Loiba. Rodamos por senderos maravillosos que se abren paso entre marismas, pinares y playas de ensueño.

















Llegamos al mirador de O Coitelo y allí nos espera el gran icono del lugar: "El mejor banco del mundo". Este rincón saltó a la fama mundial en 2015 gracias al fotógrafo Dani Caxete. Su espectacular captura nocturna logró una mención especial en un certamen de la UNESCO que premia los cielos limpios y libres de contaminación lumínica. ¡Las vistas desde aquí con la bicicleta son una absoluta locura!

  Pero aquí viene el giro de guion: la verdadera historia de este asiento es fruto de una genial confusión. Todo empezó en 2009, cuando un vecino de Loiba instaló el banco por iniciativa propia para contemplar el paisaje. Al verano siguiente, unos músicos escoceses del Festival de Ortigueira escribieron en él “The best bank in the world”. En inglés, bank aludía de forma poética al acantilado o la ladera, pero la traducción popular barrió para casa y lo convirtió de inmediato en lo que todos conocemos hoy: "El mejor banco del mundo".



Toca parada técnica.






Nos dirigimos a O Barqueiro.



















Cruzamos la localidad de O Vicedo y dejamos atrás la extensa playa de Arealonga. Acto seguido, superamos las aguas del río Sor, la frontera natural que divide las provincias de A Coruña y Lugo, dándonos la bienvenida oficial a tierras lucenses.







Cruzar hoy en bicicleta este paso es un lujo, pero hasta principios del siglo XX la única forma de salvar el río era en barca. No fue hasta 1901 cuando, impulsado por el auge de las comunicaciones, se inauguró este icónico puente de tres tramos metálicos que unió definitivamente ambas orillas.




   
Continuamos devorando kilómetros junto al mar hasta descubrir la majestuosa ría de Viveiro, el punto exacto donde el Cantábrico abraza la desembocadura del río Landro. Rodar por aquí es una delicia: la costa está salpicada de playas espectaculares como Abrela, Covas o Area. Si tenéis fuerzas para subir al mirador de San Roque, la recompensa es una panorámica extraordinaria de toda la comarca.









Sin apenas darnos cuenta, llegamos a Viveiro





                                                                    
  




 Viveiro

Nos adentramos en una ciudad de raíces medievales. Viveiro custodia uno de los cascos históricos más elegantes y relevantes de toda Galicia. El gran icono de su antiguo recinto amurallado es la monumental puerta de Carlos V, catalogada como Monumento Nacional y conocida por todos los vecinos como A Porta Maior.


A un paso de la villa pasamos por el puerto de Celeiro, famoso por su flota de pesca fresca y por una lonja cuya subasta es un auténtico espectáculo en vivo. Dejando atrás el bullicio marinero, enfilamos los últimos metros del viaje para conquistar nuestro destino final: la idílica playa de Esteiro.




        Nos pegamos un chapuzón recuperador que nos supo a gloria. Con el cuerpo como nuevo, cargamos las bicis en el coche e iniciamos el camino de regreso, con la mente activa y "maquinando" ya lo que será nuestra próxima gran aventura.


             

                                        La ruta 2





  Ojalá os hayan entrado ganas de pillar la bici y empezar a diseñar una buena escapada por la Costa Ártabra o la Mariña occidental. Como dice el refrán: tanto monta, monta tanto. Ambas rutas son brutales y cada una esconde su propia magia. Así que no le deis más vueltas: os hacéis primero una y después la otra. Es así de simple.



Galicia fue, es y será mágica!!


"...el fin no es rodar, rodar es el medio, el medio para descubrir nuevos sitios pero también para reencontrarnos con nosotros mismos".










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